Estamos viviendo una hora muy especial en el mundo. Tiempos muy graves, donde entiendo que delante de nuestros ojos se están cumpliendo las Sagradas Escrituras.

Así como delante de nuestros ojos se cumple la escritura cuando un enfermo es sanado o cuando alguien recibe la promesa del Espíritu Santo, porque también está escrito y así se cumple, se están sucediendo hechos a nivel mundial, que también son el cumplimiento de las Escrituras. Y si no estamos YA en el fin, no hay ninguna duda que nos encontramos en el principio del fin.

Tiempos mas o tiempos menos, yo tengo la convicción de que estamos en el principio del fin. Como nunca antes en la historia, los acontecimientos a nivel mundial han avanzado de tal manera, y coinciden de una forma tan clara con las Escrituras que no hace falta ser muy teólogo para darse cuenta. Aún la gente inconversa, sin conocer las escrituras, percibe que algo especial está por acontecer.

Los gobernantes y estadistas están alarmados. Los sociólogos, los políticos, y los hombres de ciencia, no solo están a la expectativa de lo que ha de acontecer, sino que tratan de hacer la parte que le compete en esta hora difícil, en donde el mundo ha comenzado a arder.

Hay alarma e inquietud en el corazón de todos los hombres, los que están cerca y los que están lejos. Aunque ahora las distancias no se tienen tanto en cuenta porque, lo que antes era una inmensidad hoy es un paso. Lo que antes era una distancia de meses, hoy lleva minutos.

La mecha está encendida, el fuego está ardiendo. El mundo ha comenzado a arder, y solo Dios lo podría apagar y prolongar el tiempo un poco más. Porque está escrito y todos sabemos que el final será en llamas.

LA RESPONSABILIDAD DE LA IGLESIA
Entonces, ante todo esto, creo que también nosotros, como Iglesia, debemos estar muy alertas. He escuchado en estos últimos tiempos algunas expresiones de creyentes, y aún predicadores, que yo diría: están demasiado despreocupados. Es verdad que debemos estar confiados, sí, en la Roca de los Siglos. Aunque la tierra tiemble, tenemos que confiar, no tengo ninguna duda de eso. Pero no podemos ser indiferentes, ni insensibles, ni despreocupados ante lo que está aconteciendo.

Me inquieta haber escuchado expresiones como: "..Ahhh, no importa hermano, total, el Señor nos guarda, somos hijos del Rey.." Y otras cosas muy livianas y que siga "la fiesta". Hermanos queridos, en esta hora crucial que estamos viviendo, ningún sector de la Iglesia puede, ni debe quedar ajeno.

Y nosotros, la familia del Movimiento, somos también una parte de la Iglesia del Señor en el mundo. Por eso, tenemos que estar atentos y asumir la responsabilidad en la manera que nos corresponda. Entonces, ¿que podemos hacer?

A LA ALTURA DE LOS ACONTECIMIENTOS
Creo que algo poderoso que debemos hacer es orar al Señor. Porque así como sectores del mundo están asumiendo con seriedad y responsabilidad lo que está sucediendo y procuran ponerse a la altura de los acontecimientos, también nosotros como Iglesia, y como ministros principalmente, debemos clamar a Dios para que nos ayude a estar a la altura de los acontecimientos a nivel mundial.

Porque si bien, podemos echar una carga de oración sobre el pueblo, la responsabilidad mayor es de los dirigentes del pueblo. Tremenda responsabilidad tienen los dirigentes de las naciones en esta hora. De la misma manera, la dirigencia y los ministerios de la Iglesia debemos asumir el lugar que nos corresponde como pastores y como maestros de la Palabra. También deben hacerlo el evangelista, el profeta, y el apóstol como tales.

Todos los ministerios de la Iglesia debemos estar a la altura de lo que está aconteciendo y entender que muchas de nuestras actitudes, de nuestra manera de pensar y de hacer la obra del Señor debieran cambiar.

¿Que quiero decir con esto? Que muchas veces hemos dicho: "Cristo viene pronto" y sin embargo, vivimos como si fuéramos a echar raíces en la tierra. El auge del materialismo y del mundanalismo, que en estos últimos años se han metido tan sutilmente en la Iglesia, nos ha contaminado aún a nivel de predicadores. La acumulación de bienes materiales, la búsqueda de fama y el procurar los poderes terrenales, han sido las notas más tristes de la Iglesia en este último tiempo.

Pero de pronto, así como los acontecimientos internacionales son un alerta para el mundo, debieran ser un alerta para la Iglesia y un alerta para muchos siervos de Dios. Clamemos al Señor para que nos ayude a comenzar a ver las cosas de una manera diferente, como diciendo: "..Caramba, que estoy haciendo ¿Estoy andando bien? ¿Estoy cumpliendo bien mi ministerio? ¿Mis metas son justas? ¿Está bien lo que estoy haciendo? Porque de pronto, el barco se está hundiendo y no puedo seguir de fiesta.."

Todo lo que está ocurriendo es un alerta grande para que principalmente, siervos y siervas de Dios estemos preparados y tengamos una actitud acorde con la hora que nos toca vivir. Tal vez una actitud más seria, más responsable, más consagrada, y yo diría también, más madura.

LA NECESIDAD DE MINISTERIOS MADUROS
Necesitamos con urgencia en Argentina, y también en nuestro Movimiento, que los ministerios que Dios ha puesto en la Iglesia maduren. Que podamos tener ministerios más fuertes, en el buen sentido de la palabra. Porque por ejemplo, si hablamos del ministerio pastoral, de pronto encontramos que en estos últimos años han salido pastores "como hongos". Por todas partes.

Por un lado, decimos "Gloria a Dios", pero por otro lado no es para la Gloria de Dios. Porque nos encontramos con un ministerio pastoral bastante flojo, bastante pobre, bastante falto de aquellos elementos que hacen a un verdadero siervo de Dios. ¡SEÑOR, AYUDANOS, obra con tu Espíritu Santo y con tu Palabra, para que haya madurez en el ministerio pastoral y en nuestra familia también! ¿Amén?

No estamos para criticar a los demás, antes, si es necesario, hacer una autocrítica. Necesitamos madurar como apóstoles, como pastores, como evangelistas, como maestros de la Palabra, y aún como profetas, ¡Que Dios nos conceda en esta hora tan crucial que vive el mundo, MINISTERIOS PROFETICOS!, que no los hay, por lo menos, muy notables. No estoy hablando del don de profecía en la Iglesia, porque don de profecía abunda en todos los niveles y hasta hay "profecías de cocina", como sabemos decir.

Hablo del ministerio profético que encontramos en la Biblia, en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Como por ejemplo el de Juan el Bautista. Profetas con palabra de autoridad que fueron usados muy especialmente para dar Palabra de Dios a las autoridades seculares, a los gobernantes, a los príncipes, a los reyes, y a los dirigentes de las naciones.

No me refiero a profetas que van a cerrar los ojos y decir: "..Así dice el Señor..." y van a comunicar una profecía. Hablo de hombres de Dios con revelación, con conocimiento, con visión, con palabra de autoridad, a tal punto que hasta el presidente de una nación decida pedirle un consejo:"..¿Pastor, que opina de este asunto? ¿Qué aconseja usted?.."

David y Salomón y otros reyes de Israel tuvieron sus profetas, a los cuales consultaban en asuntos de estado importantes. El profeta Daniel es otro ejemplo, cumpliendo su ministerio en el reino de los caldeos. ¡Cuanta falta haría que se levantaran en la Iglesia, no solamente evangelistas radiales, y gracias a Dios por los buenos que hay, pero que se levantaran profetas de Dios también! Siervos de Dios con una Palabra de autoridad para hablar a los gobernantes en esta hora.

Cuánto le haría falta a nuestros presidentes buenos consejeros, si estuvieran dispuestos a recibir consejo, por supuesto. Porque si no, observamos que donde faltan los profetas de Dios se meten los brujos, pasó ya en la antigüedad y sigue pasando ahora también.

¡Señor levanta profetas; ministerios proféticos, ministerios de autoridad en esta hora importante para la Iglesia y el mundo! Si hablamos de ministerios apostólicos. Cuanta falta hacen ministerios apostólicos que lleven a la madurez la obra del Señor. Y así en los distintos niveles, desde el nivel pastoral local, al nivel de evangelista, de profeta o de apóstol, con una palabra de autoridad para la Iglesia y para las autoridades del mundo también.

De esta manera comparto con Ud, este sentir de mi corazón para orar por ello, y para que como pastores podamos clamar: "..Ayúdame a mi también, conforme a la gracia que me has dado, a no quedarme estancado. Ayúdame a crecer, a madurar, a desarrollar lo que Tu me has dado Señor, para que en este último tiempo pueda cumplir debidamente el ministerio.." Amén.

(Breve pensamiento compartido por el Pastor Ismael Busatto antes de su mensaje en una de las Convenciones Internacionales del M.C y M, en "Hebrón")