Leyendo un tiempo atrás un librito sobre la historia del Movimiento Pentecostal en Argentina, me llamó la atención una frase que el autor ponía refiriéndose al Movimiento Cristiano y Misionero, decía: “..Una de las características principales de esta familia es el énfasis en la guía del Espíritu Santo y las profecías..” Debo reconocer que esta expresión hizo impacto en mi ser.

Nacido y criado como soy en la familia del M.C y M desde sus orígenes, siempre había oído y era natural para mí como lo es para todos los que componemos esta familia, buscar la guía del Señor en todas las cosas, pero no supe que era una característica nuestra, hasta que por circunstancias especiales, campañas, etc, tuve que participar en muchas reuniones con Pastores de otras denominaciones.

Tristemente me di cuenta que su lenguaje era el de programas de acuerdo a posibilidades, y no ver que decía el Espíritu Santo al respecto. De la sorpresa y decepción pasé al análisis de hechos y circunstancias. ¿Qué dio origen a esta familia? ¿Cómo nació? ¿Cuál ha sido el fuerte de esta familia? ¿Qué fue lo que dio su rápido crecimiento especialmente en sus primeros años?

Todo comenzó con un anhelo profundo de entrar en los planes y propósitos de Dios. Recuerdo la expresión de uno de los hombres de Dios que estuvo con nosotros al comienzo. Habiendo trabajado arduamente y agotado todos los recursos y sistemas de evangelismo aplicados hasta entonces por los misioneros, y no habiendo visto resultados, se decía: “..¿Qué habrá que hacer? ¿Habrá que buscar aún un sistema más? ¿Habrá que mandarse a mudar a otro lugar y echarle la culpa al campo que es duro? ó ¿Será que el Espíritu Santo tiene un diseño especial para este momento y este lugar, y lo que yo tengo que hacer es conectarme con el cielo para saber cuál es ese diseño y dejarme guiar por él?..”

Los sistemas misioneros practicados hasta entonces (tiempos del comienzo de esta obra), habían sido muy estrictos en sus formas, y hay que ver que en muchas partes tuvieron muy buenos resultados, pero ¿Qué había que hacer cuando no se producían resultados? ¿La predicación de Pablo en Atenas era la misma que Jesús en Israel? ¿Hay algún antecedente en las escrituras para saber cómo predicar el evangelio a una sociedad que tiene metido hasta los tuétanos un cristianismo aguachento y adulterado?

LA ERA DEL ESPÍRITU SANTO

La inquietud comenzó a crecer. El ministerio del Espíritu Santo no terminó en el último capítulo del Libro de Los Hechos. Somos la iglesia de Cristo. La era de la iglesia es la era del Espíritu Santo. Dios dijo «..en los postreros días derramaré..», Dios comenzó un derramamiento masivo del Espíritu Santo a principios del siglo. Muchos grupos Pentecostales lo identificaban como  (Efesios 4:30), cuya misión en exclusiva era prepararnos para el cielo. ¿SERÍA ESA TODA LA MISIÓN DEL ESPÍRITU SANTO?

Alguien preguntó en el pasado con genuina desesperación y ansiedad: "..¿Será que Dios puede y quiere comunicarse con el hombre pecador?.." Y la respuesta llegó a nuestros primeros padres y a muchos otros que en diferentes partes del mundo estaban con este clamor, que no solamente quiere y puede comunicarse, sino que con su fuerza desbordante quiere llenar todo el ser, inundarlo, guiarlo, dirigirlo.

El Espíritu Santo no se conformó en ser una herramienta de poder en manos de los Pentecostales. En estos postreros días El descendió para asumir personalmente la dirección para su iglesia a través de las vidas, siervos, ministros, que se dejen gobernar por El. Así comenzó esta familia. El Espíritu Santo renovando verdades, plantando desafíos. Comenzaron los primeros pasos, despacito y temblorosos primero, mas fuertes y seguros después, como aquel niño que está aprendiendo a caminar, comenzaba una nueva era. La era del Espíritu Santo moviendo a sus siervos y guiándolos de acuerdo a su santa y divina voluntad. Ha pasado casi una generación desde aquellos primeros pasos. ¿Cómo es la situación hoy?

BUSCANDO UN NUEVO ENCUENTRO CON DIOS

La obra ha crecido. La fe en la guía del Espíritu Santo y la práctica de las verdades refrescadas ha dado resultados. Cientos de obras cubren el país, y aún llegando a países vecinos. Hemos prosperado. También otras obras evangélicas han crecido. Hoy ser evangélico no es ser “bicho raro”, programas de radio y televisión han ayudado a esto. Grandes evangelistas han caminado el país haciendo una buena tarea. El evangelio está creciendo en toda América Latina.

Y está creciendo tanto que estamos frente a una nueva realidad, y muchos pastores van a estar de acuerdo con lo que digo, a veces nos damos cuenta que estamos trabajando en un terreno muy competitivo. Personas con mucha imaginación o con buenos recursos, montan atractivos programas con técnicas modernas, con cosas que nosotros jamás soñamos. Atraen a la gente, llenan cines, carpas, estadios, perdemos la gente nueva y hasta algunos viejos. Nos quedan en el templo asientos vacíos y un montón de signos de pregunta. ¿Qué está pasando? ¿Qué es lo que anda mal?

En la convención oímos de cosas grandes que quiere hacer el Señor, cosas hermosas, pero llego aquí y la realidad es otra. “..Tendré que inventar algo urgente..” me confió un pastor (perdóneme dicho pastor) Alguien me aconsejó: “..tenés que salir de la orilla, alquílate un salón en el centro y compráte un traje nuevo, vas a ver como la gente te sigue..”, lo hice, ni el traje ni el salón me sirvieron. Los demás cosecharon y yo me quedé con las deudas. Creo que entre nosotros más que con nadie se hace real esa expresión de Pablo «..nuestra competencia proviene de Dios..». Creo que si tratásemos de imitar a otros, realmente nos cabría la reprensión a los Gálatas «..¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?..» (Gálatas 3:3).

Hermanos, si quisiéramos empezar a actuar con estrategias y sistemas humanos para competir con los demás, tendríamos que empezar todo de nuevo, tendríamos que ir a la escuela y aprender, para no ser una imitación de baja calidad de lo que hacen los demás, y tendríamos que archivar como cosas inútiles y del pasado todas las visiones y palabras que Dios ha hablado y aún la esperanza del cumplimiento de ellas en nuestros corazones.

Pero yo creo que Dios nos ha dado una herencia rica. Que somos el resultado de vidas que anhelaron más de Dios, que desearon estar en el secreto de Dios y ser parte activa de su plan eterno para esta última hora. Creo que debemos poner de lado todo espíritu competitivo que ande por allí suelto, y comencemos a anhelar como nunca antes una palabra del Señor, un toque del Señor, un encuentro con el Señor. Que el Espíritu Santo pudiera entrar en nuestras vidas, encendernos con su fuego e impulsarnos como nunca antes hacia el cumplimiento de sus planes.

LA CONQUISTA NO HA TERMINADO

Todavía hoy, el Espíritu Santo está buscando vidas que se dejen impulsar por El. Vidas simples, quizás desconocidas, quizás sin trayectoria, que estarán dispuestas a oírle a El. Sí, muchas veces se romperán moldes. En la Biblia no vemos dos milagros iguales. Dios siempre es original, pero necesitamos oírle a El. Lo que fue glorioso ayer, no necesariamente tiene que ser glorioso hoy. Dios tiene una palabra para el presente.

Hermanos, compañeros, tenemos una herencia rica, marcada por hombres que se dejaron encender por el Espíritu Santo. Que como antorchas ardieron, consumiéndose, sí, pero encendiendo a muchos y conquistando para Dios. La conquista no ha terminado. Todavía hay palabras sobre Latinoamérica y el mundo. Todavía hay una patria no redimida. Dejemos que el Espíritu Santo nos encienda, nos guíe, nos impulse.

Termino con este testimonio. En un culto muy especial hace unos días ví en una visión un mundo encendido en llamas, y el Señor me dijo estas palabras: “..la iglesia no terminará derrotada como algunos preconizan, sino en tremenda victoria, encendida por el fuego del Espíritu Santo..”. Digo un gran Amén.

Pastor Roberto Sórensen (Tomado con permiso de la Revista “Hoy”)