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Se termina el año y una pregunta me viene a la mente: ¿Qué valor le di, le estoy dando y le daré al dador de la vida? Y pienso en María, (La del perfume de alabastro), el que costaría el trabajo de alrededor de un año. María, conocida entre ellos como una mujer pecadora, aunque no había sido invitada a la casa de Simón, trajo a Jesús algo de muchísimo precio, algo muy costoso.
 
En Génesis 28:10 Dios habla a Jacob. Le da una promesa de tremenda bendición, pero obtiene una respuesta compuesta por condiciones: "..Si fuere Dios conmigo; si me guardare; si me diere pan para comer y vestido para vestir; si volviere en paz a casa de mi padre.." (Ya que se había ido escapando del enojo de su hermano por obtener su bendición a través de un engaño). Al parecer, Jacob tenía sus prioridades. ¿Qué habrá pensado Dios de esa respuesta?
 
En mi caso, la carrera que elegí me apasiona desde muy pequeña y sería una alegría llegar al título profesional. Sin embargo, si Dios me hiciera entender que eso me alejaría de Su propósito, no dudaría en dar un paso al costado. No me importa tanto el título que me pueda dar el hombre en la tierra, quiero cuidar la corona que Jesús me dará en el cielo. Si no hay algo que te esté costando por amor al Señor, puede ser que tengas que tomarlo como una alerta. Nuestra comodidad limita su voluntad.
 
Jacob tuvo que luchar duramente por su bendición, por el simple hecho de haberla buscado a su manera. Simón tenía al Maestro en su propia casa y no le dio la importancia ni el valor que demostró María a los pies de Jesús. ¿Qué nos está impidiendo entregarle todo? ¿Qué valor le estamos dando al Salvador?
 
Una vida derramada en Su Presencia, provocará que, en donde estés, haya algo diferente en tu vida... Su fragancia.
 
Micaela Ortellado (M. C y M Ingeniero Maschwitz)