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En los últimos días recibí la noticia de un amigo, compañero de la obra, con un súbito quebrantamiento de salud. Gracias a Dios ya está bien y recuperándose favorablemente. No siempre, pero en muchos casos, estos problemas no son otra cosa que el resultado del stress y la hiperactividad que algunas veces es necesaria, pero que la mayoría de las veces, nosotros mismos o la poca ayuda que tenemos nos imponen.
 
La hiperactividad es un enemigo de muerte. Y si no te mata, te puede dejar malherido.
En Mayo del año 2009, y en un momento de "super-hiper-actividad" sufrí un ACV que me dejó planchado, con la boca torcida, sin respuesta en mi mano derecha y sin fuerzas durante treinta días.
Días antes del ACV, ya no me sentía bien, y le pedí una palabra al Señor, quién me respondió inmediatamente con el Salmos 88:4, que dice: "..Soy contado con los que descienden al sepulcro; Soy como hombre sin fuerza.."
 
Honestamente, en ese momento, y mucho más cuando mi salud se quebrantó, pensé que el Señor me anunció mi propia muerte.
 
Sin embargo, mientras me recuperaba, y en medio de esa crisis física y emocional, el Señor me pastoreó suavemente y me hizo entender que él no quería mi muerte, sino que yo me estaba matando sólo. 
 
La expresión "..Soy contado con los que descienden.." me hizo recordar de una estadística que había leído, que afirma que la mayoría de las personas que fallecen en vísperas (Antes de tiempo), es por la hiperactividad, y por sus malos hábitos de vida.
 
También en esos días, me llevó a descubrir una palabra en el Salmos 39:4. "..Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy.." Aprendí que no somos "super-humanos", y que nuestro cuerpo no es irrompible ni mucho menos inmortal. Somos FRAGILES, y si no lo aprendemos cuando andamos a las corridas, lo vamos a aprender cuando el Señor nos acueste por un tiempito.
 
Lo que parecía ser el camino al desastre en mi vida, se transformó en una experiencia preciosa e inolvidable. En ese "pozo de desesperación" el Señor me pastoreó, me tendió su mano y me enseñó todo esto. ¡Que bueno es el Señor!
 
No soy un superado, tengo mis batallas personales; Por eso, oremos unos por otros, y oremos por cada siervo de Dios, que lo están dando todo y aún más. 
 
Levantemos sus brazos, seamos una ayuda, y seamos hallados entre los que traen soluciones y no problemas o amarguras que afectan su salud, para que ellos y nosotros podamos cantar por muchos años más: "..No moriré sino que viviré, Y contaré las obras de Jehová.."
Comparto esto con humildad y respeto.
 
Daniel García