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"..Orando en todo tiempo con toda oración y suplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.." (Efesios 6:18)
 
La clave de toda persona que quiera llegar al último avivamiento está en absorber y poner por obra la enseñanza sobre una vida de oración. La victoria más grande de un cristiano no está en los momentos emocionales, está en la constancia y en la convicción de encarar lo que cree que Dios le dijo, y si queremos alcanzar objetivos en Dios nuestra base tiene que ser la oración permanente, la oración como hábito, y la oración que transforma.   

La persona obediente a Dios en la oración es un peligro para el diablo. Si estableces una vida de oración el enemigo no podrá contrarrestar el poder del Espíritu Santo en tu vida, no podrá contra la fuerza de la oración, no podrá contra el Dios que interviene en tus oraciones. Una persona que ora no será arrastrada facilmente, porque si tienes hambre de la presencia de Dios, si se hace real en tu intimidad, puedo asegurarte que esa presencia te va a cambiar, te va a transformar para siempre, y esa "debilidad" con la que venís luchando por años, perderá fuerza, no tendrá como combatir ante alguien que se rinde a la presencia de Dios. Debemos estar orando permanentemente, haciéndolo de esa manera, Dios esta en nuestras vidas, porque El solo pide un corazón que se rinde ante su presencia cuando nadie lo ve.
 
Si tomamos la oración como un hábito, ese hábito va a generar una transformación, y mediante ella, el llamado va a ser mas claro y mas fuerte. Al orar estamos dejando que Dios nos transforme, si nuestra oración genera transformación es porque estamos haciendo de ella un rezo. La oración permanente, la oración como hábito, la oración que transforma es la clave para que el cristiano pueda vivir en victoria. 
 
Procuremos de esta manera llegar a un nivel de oración que no sea manejado por nosotros, si no por Dios y su Espíritu Santo.
 
Gaston Alvarez (M.C y M Avellaneda)