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Radios

 

Cada uno de los instrumentos se luce en su tiempo, cada cual tiene una parte en la partitura de la vida. Semicorcheas los para violines, notas largas para los instrumentos unísonos, tresillo y paradiddle para las percusiones, acordes mayores y menores. Todo parece ser de transcendencia y de importancia para una ejecución profesional de excelencia, menos, para el hombre de los platillos.
Ya pasaron cien compases y su partitura aún está vacía.
 
Todo comenzó con una sencilla frase del piano, para luego ser acompañada por los violines y chelos, al punto que desde la izquierda se les unieron los vientos, desde los graves de las tubas armonizando con los trombones, hasta la dulzura de las flautas, transportándonos a un vuelo imaginario, un regalo para los oídos, el alma y el corazón.
Mientras tanto, la partitura del hombre de los platillos aún está vacía.
 
La obra está "in crescendo". Ha transcurrido un tiempo donde el primer violinista es el centro de atención, el resto de la orquesta ensambla muy suavemente su acompañamiento, el orden y la afinación solo es superado por la excelencia de los ejecutantes.
Mientras tanto, la partitura del hombre de los platillos sigue aún vacía.
 
Lo que era un suave piano sufre un ascenso que nos traslada a un nuevo nivel sonoro, el tronar de los timbales junto a una escala ascendente en el piano que está anunciando el final de la obra y, la partitura del hombre del platillo aún está vacía. A esa escala ascendente del piano se le unen cuerdas y vientos que vibrando con energía, están sacudiendo la sala, la audiencia disfruta de tan hermosos matices y exquisita melodía, los más exigentes críticos se ven desbordados de asombro.
 
Pero de repente, una hoja pentagramada gira y cuando todo parecía estar en los últimos compases, el hombre de los platillos, encontró una nota que marcaba, “su momento”, ¡Una sola nota! Pero una nota que tenía que ser tocada como el momento lo exigía, era el momento de mayor expresión musical. Fue cuando el hombre de los platillos puesto en pie abrió sus brazos y con la precisión de un experto, llevó con fuerza sus puños uno contra otro haciendo resonar el bronce en toda la sala y al mismo tiempo elevándolos al cielo, como una ofrenda al creador de la música.
 
¡Era su momento! Lo decía su cara de regocijo, era la nota que faltaba, el toque que daba final a la la obra artística que surcaba los aires y llegaba a los más profundos sentimientos de los espectadores, era la frutilla del postre, la que estremeció a toda la audiencia, que puesta en pie, ovacionó la entrega de aquella orquesta. 
La música ya terminó, pero la sala esta llena de gratitud, alegría y admiración aplaudiendo la virtuosidad del violinista, la energía del trompetista, la dulzura del flautista, la precisión del timbalero, y la paciencia del hombre de los platillos.
 
No importa que la partitura que nos tocó ejecutar sea mucha o poca, lo que si importa es que lo hagamos en el tiempo correcto, y le demos el valor que merece, de estar ahí y poner todo nuestro ser en esa nota, nunca sabremos el impacto que nuestra paciencia puede alcanzar.
"..El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez.." (Proverbios 14:29)
 
Pastor Daniel Gonzalez (M.C y M Ceibas - Entre Ríos)